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Este post es una creación bastarda. Su origen no ha sido ningún tipo de inquietud bloggera, ni siquiera lo he concebido desde el afán de postear, pues en teoría no tengo tiempo, debido a los exámenes.

Ok. Como el 90% de los universitarios estoy a punto de terminar con el periodo de exámenes de junio y para más I.N.R.I. no es una asignatura de mi carrera.

Literatura Árabe I, que se llama la susodicha (bastante maría, la verdad). Ahora sí me enbolso 12 suculentos créditos de libre elección que me ayudarán a licenciarme en septiembre, oiga.

OK, este bastardo-post es un cúmulo del contexto en el que me he desenvuelto esta calurosa tarde de junio y se ajusta a tres naturalezas distintas:

1ª (y fundamental) El estudio de la ya comentada Literatura Árabe.

Tanto hablar de las Rihlas y las Risalas me está calentando bastante la cabeza. No es una asignatura difícil, ni mucho menos, pero decídme si estos nombrecitos se quedan así como así: Ibn Battuta (ابن بطوطة), Ali ibn Abi Talib, Ibn Tufail, Al-Mutannabi, etc. (Este último tiene nombre de Grupo de Death Metal. No me digáis que no… ¡Al Mutanabiiiihhh! ¡Bahh!)

Bien, pues tan arto de nombrecito árabe que estaba (aunque la asignatura es interesante) que me ha dado por investigar y expongo aquí alguna de mis conclusiones:

- Como sabéis, eisten cientos de variedades de especies arbórea de origen árabe en nuestro país. De los que podemos hacer bonsáis espléndidos:

El kilate (no confundir con el “quilate” de oro)

Tabaya Dulce (Euphorbia balsamifera) originaria de África Orienta, Canarias y el Sur de Arabia.

Granado (Punica granatum L.) originario de Yemen.

Boswellia (Frankincense) originaria de Rajastán y la India.

- ¿Sabíais que el anterior Rey de marruecos, Hassan II, cultivaba bonsáis?

No es nuevo que en muchos países árabes y egipcios se cultuvaban bonsáis (Remember: Bonsáis en el Antiguo EgipcioReina Hatshepsut)

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2ª Las constantes batallas con mi gata, Lucifer.

A tal punto han llegado que, a parte de moder cables, moder manos, morderme el ratón y apoyarse en el monitor, también me ha apagado el PC.

(Menos mal que Firefox es como dios pero en pollo y me restauró la sesión, juju)

Pues bien, debido a este indicente gatuno os pongo unas cositas sobre gatos:

- El origen de los gatos se remonta a 12 millones de años, momento en que los felinos comenzaron a poblar la Tierra. Sin embargo, fue hace 4.000 años cuando empezó su domesticación. En aquellos tiempos, los egipcios decidieron utilizarlos para mantener a las ratas lejos de sus almacenes de maíz.

Después, otras antiguas civilizaciones empezaron a usarlos como animales domésticos y fueron los fenicios quienes los llevaron a Italia, desde donde se extendieron al resto de Europa. Aunque se asociaba con el diablo durante la Edad Media, el gato se convirtió en un animal casero muy popular en todos los rincones del mundo en el siglo XVIII.

- Bastet, la diosa gata:

La mitología egipcia cuenta que Ra, dios del sol, cansado de la rebelión de los hombres, envió a su hija, que tomó el aspecto de una leona, Sekhnet, furiosa y sanguinaria. Ésta, por iniciativa propia, comenzó a aniquilar a los humanos. Entonces, Ra tuvo que enviar a un guerrero, Onuris, que amansó a Sekhnet, convirtiéndola en Bastet, una diosa maternal que se hizo muy famosa en el pueblo egipcio.

Bastet se convirtió así en la diosa de la música, la danza, la alegría y la maternidad. Era representada como una mujer con cabeza de gata o como un felino sentado de cuello estilizado. De todas las razas de gatos actuales, el Abisinio, sería el más parecido a esa representación.

Abisinio

Esfinge (Me encanta este tipo de gatos -presentación-:)

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3ª Lo único que ha evitado que me pegue un tiro: FREETS ON FIRE.

Mi único lazo con la cordura en esta tarde de árabes y gatos. Es la versión del Guitar Hero pero epara el PC y totalmente libre. Vamos que la gente va subiendo canciones y no estás limitado a las que vengan en el juego y punto.

Te reto públicamente, Wing (si es que lees mi blog. XD) Con teclado, que las guitarras son para nenas.

 

PD1: Siento el lenguaje, en ocasiones tan pedante, pero esque llevo un buen rato leyendo sobre poesía, épica, etc…

PD2: Para los que no os creáis los poderes ocultos de los mininos, aquí va esta prueba. Mi gata se ha erizado, lo juro.

PD3: Siento un post tan largo pero así disfrutáis los blog-voyeurs que ahora casi nadie actualiza por los exámenes.

PD4: Enhorabuena (anticipada) a todo el mundo que sea opositor/a. Si habéis sacado buena nota mejor para vosotros y si habéis sacado mala nota a la próxima mejor. Opositores, a saber Potnia, Brau, Revototal, Mylunas… y al resto que conozco y se me ha olvidao: también. Y a los susodichos beneficiarios colaterales, a saber Basterrak (xD), Hellsamu (Greyndar) y Pulgarcito: ¡a rezar, estorsionar o a poner velas que son muchos €’s al mes!

Y al resto que no conozco: ¡al calzado que si no le quitáis la plaza a esta buena gente!

 

Soberbio-novedades:

Con el calorcito apetece brotas y sacar ramas (de nuevo). Os dejo unas imágenes pero lo hago desde una página donde puedes subir tus presentaciones Power Point y Oppen Office. Una herramienta más, vamos… (repleta de powerpoints en cadena, sniff).

(Slide Share)

Ahora lo que haré será buscar una solución a lo de las manchitas marrón-amarillentas. En teoría simplemente será demasiada exposición a Sol y vientos secos.

Las manchas marrones pueden ser sintomáticas de varias cosas, desde plagas, hongos o simplemente que el árbol haya pasado sed. Si la zona marrón está localizada en el extremo de la hoja lo más probable es que se trate de esto último, ya sea por vientos muy secos y cálidos, o un sol demasiado intenso para la especie en cuestión. En este caso regando adecuadamente o sombreando algo la planta si fuera necesario solucionaría el problema. (Portal Bonsai)

PD: Hemos tenido una hija. Una hija de Satán, diría yo. Con todos ustedes nuestra pantera en miniatura: LUCIFER. (“Angel portador de la luz” por lo tanto genérico. Ya sabéis lo que dicen del sexo de los ángeles…)

(Me encanta Gustave Doré y sus grabados)

(He retomado Bleach, un manga chupi piruli. He aquí Madarame Ikkaku, todo un HOM-BRE y no esos espartanos…)

A parte de esa información innecesaria debéis saber que estoy de exámenes y estoy muy liado. Pronto subiré fotos de Soberbia (Wisteria Sinensis). Sed buenos y compartir (ahora que estamos en exámenes se pueden compartir apuntes y esas cosas ^_^). Compartir es humano, pero agradecer es de dioses. De momento os dejo con un cuentecillo popular japonés para que le déis vueltas al tema.

MOMOTARO

Había una vez una vieja y un viejo que vivían en las montañas. Cada día, el viejo iba a la montaña y recogía leña, mientras la mujer iba al río y lavaba la ropa. Un día, ella estaba precisamente lavando cuando un melocotón grande vino abajo flotando por el río hacia ella. Como era una fruta grande y de aspecto jugoso, ella pensó que a su esposo le gustaría comerlo; así que lo recogió y lo llevó a su hogar. Cuando el viejo volvió para el almuerzo y vio el bonito melocotón, se puso realmente contento. La vieja cortó el gran melocotón en medio con un cuchillo. Pero, ¡Qué sorpresa! Un lindo niñito estaba dentro del melocotón. Los dos viejos, que nunca habían tenido niños, estaban realmente agradecidos a los dioses que les habían enviado un pequeño en este fruto.


Ya que había nacido en un melocotón, ellos decidieron llamarlo Momotaro, que en japonés significa “niño melocotón”. La anciana cocinó prontamente una comida para el chico, quien comió tanto como pudo; cuanto más comía, más crecía. Pronto llegó a ser un muchacho fuerte y alto.

No importa cuán alto o fuerte era, Momotaro era un muchacho perezoso. Día tras día, todo lo que hacía era dormir y comer. En la aldea, los otros muchachos iban a la montaña y recogían leña; mientras Momotaro era el único que no hacía nada. Esto preocupó a los dos viejos, que pidieron a los otros muchachos que trataran de hacer que Momotaro fuera al trabajo con ellos.

Los muchachos entonces lo invitaron, “¿Momotaro, quieres venir con nosotros? Vamos a recoger leña.” Pero él contestó, “No tengo una canasta, por lo tanto no puedo ir con vosotros.” y se volvió a dormir.

Al día siguiente, ellos lo invitaron nuevamente, “¿Momotaro, quieres venir con nosotros? Vamos a recoger leña.”

Y él les contestó, “No tengo ningunas sandalias, así que no puedo ir con vosotros.” y se volvió a dormir.

Al oír esto, la mujer vieja se enojó con Momotaro por ser tan perezoso y al día siguiente él fue a recoger leña con los otros muchachos.

Mientras los muchachos trabajaban y cogían la leña, Momotaro tomó una siesta. Cuando el trabajo se terminó, los muchachos decidieron volver a la aldea. Entonces, Momotaro despertó y les dijo, “Yo cogeré la leña y volveré con ustedes”.

Ellos replicaron, “Si empiezas a trabajar ahora, regresaremos demasiado tarde.”

Momotaro hizo oídos sordos a aquello y fue hacia un árbol muy grande. Agarrándolo por el medio de su tronco, lo arrancó de raíz. ¡Asombroso! Los muchachos no podían creer lo que veían sus ojos. Así, el alto y fuerte Momotaro llevó el gran árbol, mientras los otros muchachos llevaban manojos de leña a la aldea. El viejo y la vieja se asombraron cuando vieron a Momotaro llevar este árbol enorme como si fuera un mero fajo de leña.

El señor del condado oyó sobre esto y deseó conocer a Momotaro; así que al día siguiente Momotaro fue a verlo. El señor le dijo, “los Onis (ogros) han amenazado y robado a mis campesinos durante mucho tiempo. Si eres tan fuerte como he oído, irás y los castigarás.” Momotaro entonces aceptó ir a la Isla de los Onis.

Para el viaje, los ancianos cocieron algunas galletitas de mijo y se las dieron a Momotaro. Anduvo mucho tiempo y, en su camino, encontró un perro.

(a petición popular)

 

 

“¿Momotaro, dónde vas?” dijo el perro.
“A la Isla de los Onis, para castigarlos.”
“¿Y qué es eso que llevas?”
“Las mejores galletitas de mijo del Japón.”
“¿Podrías darme una y que vaya contigo?” se ofreció el perro.
Momotaro le dio una galletita y ambos siguieron el camino juntos.

Pronto se encontraron con un mono.
“¿Momotaro, dónde vais?”preguntó el mono.
“A la Isla de los Onis, para castigarlos.”
“¿Y qué es eso que llevas?”
“Las mejores galletitas de mijo del Japón.”
“¿Podrías darme una y que vaya contigo?” dijo el mono. Momotaro entonces le dio una galletita y siguieron camino los tres.

Entonces se encontraron un faisán.
“A la Isla de los Onis, para castigarlos.”
“¿Y qué es eso que llevas?”
“Las mejores galletitas de mijo del Japón.”
“¿Podrías darme una y que vaya contigo?” se ofreció el faisán. Así que Momotaro le dio una galletita al faisán también.

Momotaro, el perro, el mono y el faisán fueron juntos a la Isla de los Onis en barco, cuya bandera, como no, era un gran melocotón.

 

Navegaban pero no podían ver la isla, así que el faisán remontó vuelo y, desde el cielo, pudo ver la isla y guiar el barco. Pronto arribaron a la Isla de los Onis. Allí, en la isla, había un gran castillo con una puerta enorme. Estaba bien cerrada, pero el mono pudo colarse con facilidad y abrió la enorme puerta .

Momotaro entró y dijo a los onis, quienes estaban de fiesta: “Mi nombre es Momotaro, y he venido para castigaros.” Los onis se le rieron en la cara, pero el perro corrió hacia ellos y los mordió, lo cual dio tiempo a Momotaro de desenvainar su espada. Momotaro y sus compañeros, al haber comido las mejores galletitas de mijo del Japón, no conocían el miedo y eran fuertes.


Al final los onis gritaban pidiendo perdón, “Nunca seremos malos nuevamente, por favor perdona nuestras vidas.”

Los onis, derrotados, dieron a Momotaro su tesoro. Él lo tomó y volvió con sus compañeros, quienes habían comido las mejores galletitas de mijo del Japón y le habían ayudado a derrotar a los onis. La pareja de ancianos, quienes se habían preocupado mucho por Momotaro, los acogieron calurosamente.

Desde ese día Momotaro y los dos viejos vivieron felizmente juntos.

PD: Este cuento es uno de los cuentos populares más importanes de Japón. La historia de Momotaro es más de lo que habéis leído, son muchas virtudes juntas: valor, honestidad, amor y amistad.

PD_2: I de II, al siguiente ya le encontraréis más sentido bonsái.

PD_3: Sé que lo estábais deseando:

Cada vez que no comentas un oni se come un melocotón.

Tras hablaros de lo beneficioso que es ponerles música a las plantas y árboles, de lo bueno que es hablarles (y que te hablen) seguro que estáis pensando en que ahora os hablaré de los beneficios de hacer el pino con una mano al lado del tiesto mientras sacas la lengua, o algo así. Pues naranjas de la china.

 

El hell-consejo de hoy es más llano y mundano. Bienvenidos a la fiesta del abono creativo, reciclado y (lo más importante) barato.


CAFÉ: Una forma de fomentar el crecimiento y la textura de la tierra de las plantas y árboles es aderezarlas con los posos del café. No es la cafeína la que se aprovecha, sino todos los productos residuales que constituyen un excelente abono a condición de que se distribuyan con discreción. Una o dos cucharadas por semana son suficientes. Hay que mezclar bien los grumos con la tierra, ya que puede pudrirse la superficie. La yerba mate (infusión típica argentina) también sirve. ¿Quien no ha trabajado alguna vez en un bar y se ha dedicado, al final de la jornada, a esparcir posos del café por el jardín de turno? … yo sí lo hacía. ¿Qué pasa?

 

CÁSCARA DE HUEVO: La cáscara lavada y molida resulta ideal para todo tipo de plantas y árboles, así como también el agua donde cocinamos huevos para el riego es recomendable. Hay quien dice que hervir otros alimentos con el huevo es perjudicial, porque se liberan toxinas. Pues no sé que deciros, si esas toxinas hacen que se abone mejor: bienvenidas sean.

 

 

RESACA: (No como consecuencia de una borrachera). Es un material que se encuentra a la orilla de los ríos como producto del arrastre de la materia orgánica que produce la corriente de agua. Si la compramos conviene leer en el envase que la contiene cuál es su lugar de procedencia; esto nos ayudará a distinguir el material que proviene de zonas contaminadas y puede, eventualmente provocar enfermedades a las plantas.

No encontré ninguna de la “otra” resaca. xD

 

HUMUS DE LOMBRIZ: Es producido por la Lombriz roja de California que consume materia orgánica con voracidad y la degrada rápidamente. El resultado es un abono de consistencia similar a la tierra negra, muy oscuro y rico en todos los nutrientes. Resulta ideal para las plantas de interior como las de exterior.

ESTIERCOL: El estiércol se obtiene de las caballerizas o establos y resulta altamente beneficioso. Debe aplicarse en estado completo de descomposición. Su olor y consistencia son similares a los de la tierra negra. El guano, como excrementos de aves y murciélagos, también es muy útil.

HARINA DE SANGRE: Otro abono de origen animal y deriva de la depuración de sangre de vaca. Esta indicado para plantas florales y de interior porque favorece el crecimiento, combate el raquitismo y aumenta las defensas contra enfermedades. Para aplicarlo basta con espolvorear los tiestos con el producto regando después en abundancia, de manera de acelerar la integración del abono al suelo.

 

CENIZAS: Las cenizas de madera son un buen abono orgánico de liberación rápida, estéril y muy ricas en potasio. Son muy útiles en el momento de la floración. Pueden verterse sobre la superficie en cantidades de una palada por metro cuadrado, removiendo luego la tierra. Hay que evitar las acumulaciones que modificarían demasiado la estructura del suelo. Las cenizas de carbón también sirven, incluso las humanas. NOTA: no valen las cenizas del tabaco (¡pardiez!) ni tampoco vale esnifarse las cenizas de tu difunto padre, como hizo el guitarrista de los Rolling Stones.

Hablando de cenizas. Aquí tenéis el tercer clasificado en el certamen de relatos Tierra de Leyendas V, de Sedice.com

Cenizas. De Cristóbal Hernández García

Lo primero que el joven soldado Kousaki Takamura vio al bajar del camión fue un cerezo. Pero ni siquiera los cerezos se habían librado de aquel infierno. Carbonizado por el fuego nuclear, el cerezo se erguía como un macabro cadáver, como un siniestro ataúd de la belleza que un día había contenido.

Kousaki Takamura no había sido el último soldado en bajar del camión, pues sabía que tenía que enfrentarse a aquella pesadilla y que no servía de nada evitarla, pero aún así le había costado hacerlo. Durante todo el viaje no había levantado la cabeza ni un solo instante. A su alrededor había oído las reacciones de sus compañeros ante aquella tragedia, había oído como Shimitori lloraba y como Ao vomitaba. Pero ahora Kousaki se enfrentaba por primera vez a aquel infierno.
A su alrededor desaparecieron todos sus compañeros. Estaba sólo. Sólo como nunca lo había estado. Kousaki no sintió miedo ni tristeza, ni ira ni desesperación. Era incapaz de pensar. Frente a él no se alzaba lo que un día había sido el distrito de Obanawa. Frente a él se alzaba un desierto de muerte y desolación. Todos los edificios habían sido destruidos por la terrible bomba, no quedaban de ellos más que gigantescos montones de escombros y macabras estructuras semiderruidas. Los pocos árboles que se mantenían en pie, siniestros y muertos, parecían una macabra burla a la vida. Y no había color alguno. Todo era gris. Todo estaba cubierto por un grueso manto de cenizas.


Sin darse cuenta Kousaki dio varios pasos. Oía sonidos tras él, pero no los reconocía como las órdenes de sus superiores. Como soldado tenía la misión de explorar aquella zona, evaluar los daños y ayudar a los supervivientes, pero lo había olvidado todo. Permanecía absorto contemplando aquel terrible paraje. ¿Cómo había sido posible aquello? ¿Cómo podía existir un arma en la tierra capaz de semejante monstruosidad? ¿Cómo lo habían permitido los dioses? Y… aún en tiempos de guerra, que loco habría ordenado lanzar semejante arma contra una ciudad inocente.


Kousaki sintió un golpe en la espalda. Se volvió y se encontró frente al sargento Toma. Su superior le gritó una orden que no oyó y le indicó un callejón a su derecha. Se dirigió hacia allí. Cada paso era más difícil que el anterior, Kousaki no podía soportar seguir viendo aquel paisaje. Finalmente llegó al pequeño callejón y se adentró en él. El tiempo se le hizo eterno. Verdaderamente ni siquiera sabía si había avanzado. No había forma alguna de orientarse, a su alrededor todo era muerte.


El joven soldado se detuvo de repente. Entre aquella desolación grisácea distinguió algo distinto: un extraño bulto carmesí. No quería comprobarlo, pero alguna extraña fuerza le arrastraba a caminar hacia aquel bulto. No fue capaz de reconocer lo que encontró. Frente a él se encontraba una pequeña masa informe de sangre y carne. ¿Un gato? ¿Un perro? No podía decir ante que se encontraba. No importaba. Pero aquella criatura no estaba muerta, él había visto la muerte muchas veces en el campo de batalla, y la muerte no era tan cruel.


Kousaki siguió caminando. Trataba de olvidar lo que había visto. Lo hizo, aquella criatura muerte no era nada, un temor desconocido se había apoderado de él. Quiso cerrar los ojos y no volver a abrirlos nunca. Quiso escapar de aquel infierno devastado y borrarlo de su mente. Pero siguió caminando. Y sus temores tomaron forma. Un escalofrío recorrió la espalda del joven soldado cuando distinguió otra extraña masa rojiza –mucho más grande que la anterior- a una veintena de metros de él. Sus pasos le guiaron hacia ella contra su voluntad. Estaba parcialmente sepultada por una viga, y su cuerpo tan destrozado como el anterior, pero esta vez era claramente distinguible. Toda la piel –y gran parte de la carne- habían desaparecido y el cabello y los ojos se habían fundido con la carne. Esta vez Kousaki no pudo evitar desviar la mirada. Encontró una pequeña muñeca de trapo que había sobrevivido milagrosamente entre los escombros. Era una niña.

Aquel cuerpo, aquella masa de carne derretida y fundida sobre ella misma había sido una niña. Apenas unas horas antes aquel rostro de pesadilla había sido la cara de una niña inocente. Vomitó. A su mente vino la imagen de Mayu, su pequeña niña de cuatro años se encontraba a salvo en una pequeña aldea cerca de Okinawa, pero Kousaki no podía evitar pensar que aquella masa informe de sangre y carne podía haber sido su hija, que era la hija de alguien. Volvió a vomitar y huyó corriendo de aquel lugar.


Kousaki corrió. Tropezó y cayó al suelo, y se vio cubierto por aquellas horribles cenizas de muerte que lo cubrían todo, pero se levantó y continuó corriendo. No quería mirar atrás. No quería ver nada más. Quería abandonar aquel lugar. Quería… no sabía lo que quería. No podía pensar. Todo aquello era una locura.
Se detuvo cuando oyó un lamento.
-No –pidió -, por favor, eso no.
Kousaki giró la cabeza y miró hacia su izquierda. No fue capaz de reaccionar ante lo que vio. Supo que esa imagen le perseguiría en sus pesadillas durante el resto de su vida. A varios pasos de él, recostado sobre una pared se encontraba un hombre. Y estaba vivo.


El hombre se encontraba vivo, al menos gemía y respiraba. Pero aquello ante lo que Kousaki se encontraba no era un hombre, no era un ser vivo. Era una abominación. Conservaba la mayor parte de la piel, en algunas zonas de su cuerpo desnudo podía verse la carne pero el resto estaba cubierto por una piel antinaturalmente blanca y rígida. El pelo había desaparecido por completo de su rostro, y este estaba cubierto por numerosas llagas y quemaduras. Sus ojos habían perdido el iris, eran simplemente dos esferas blancas y ciegas. El hombre abría la boca, había perdido los dientes y la lengua, y sólo podía escupir sangre e ininteligibles ruidos.


Kousaki cerró los ojos y lloró, de alguna manera sabía lo que aquel hombre estaba pidiendo. Desenfundó su pistola y apuntó hacia los balbuceos incomprensibles. No miró. No quería ver lo que iba a hacer. Llorando, Kousaki rezó una silenciosa plegaria por el alma de aquel hombre. Los balbuceos del hombre se repitieron y el joven soldado apretó el gatillo de su arma. Nunca el ruido de su arma le pareció tan terrible.


Kousaki no abrió los ojos. Sabía que había liberado a aquel hombre de un terrible sufrimiento, sabía que aquel ser estaba condenado a morir y que él le había librado de una agonía insufrible. Pero no quería mirar. Nada le servía de consuelo. Había matado a aquel hombre.
Abrió los ojos horrorizados cuando el hombre volvió a gemir. Ahora había un agujero en su pecho y de él salía algo parecido a sangre, pero seguía vivo. Kousaki se quedó petrificado.
-¿Por qué? –Se preguntó mientras lloraba -¿Por qué?
El engendro volvió a gemir suplicando que alguien acabara con su sufrimiento. Esta vez Kousaki no cerró los ojos. Levantó su arma y apuntó a la cabeza de aquel pobre hombre.
-Es una locura.
Y volvió a disparar.

Vía www.aurorabitzine.com

PD: yo utilizo tierra espacial para bonsáis, que ya viene mezclada con arena de río y minerales.

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