Continuando con el alcornoque informaré sobre una expresión de la que hace poco descubrí su significado; fue a raíz de un comentario de mi padre, una persona que se autoproclama inmortal.
- PADRE: Joder macho, ¿y para que has traído tantos?
- HIJO: “Si es gratis quiero dos”, que dicen…
- PADRE: Y ¿no había otro árbol?
- HIJO: ¿Qué les pasa a estos?
- PADRE: Nada pero… A ver si me vas a plantar el árbol más tonto del mundo.
- HIJO: ¿Nani?
- PADRE: (Que, por supuesto entiende el japonés) Lo digo por eso de “cabeza de alcornoque”.
Después de anlizar la frase y diavertirme levemente sobre las posibilidades de un árbol intelectualmente inferior al resto de flora (y desechar un posible guión para un corto homónimo) me pregunté…
¿Qué tiene que ver “cabeza de alcornoque” con el intelecto de una persona?
Debido a que el alcornoque, evidentemente, no tiene cerebro ni piensa, vaticiné en un principio; pero como el resto de especies arbóreas. Tal vez la frase, me dije, se utilizara primigeniamente para decirle a una persona que tenía la cabeza verde y con bellotas; demasiado arriesgado para ser científico.
Tras proveerme de lo único que necesitaba, mi VISA y mi chaqueta de tweed, y viajar a Milán, Florencia, Roma, Massachussets, Bombay y Moscú, consulté los mejores manuales de simbología arbórea de los más prestigiosos pensadores de frases hechas de los cinco continentes descifré el enigma. Solamente no había tenido en cuenta un factor: muchos de los papiros consultados tenían varios siglos de antigüedad y, por ello, estaban escrito en una lengua pequeña y metálica, casi olvidada: el latín; y no sabía latín (digo yo, no el árbol; aunque una tesis del tipo “la frase se deriva de que esta especie de árbol nunca aprendió latín”, a la par que ser divertida, me hubiera ahorrado mucho tiempo).
El último paso estaba más cerca de lo que pensaba; tras devanarme los sesos para conseguir la conexión wifi pirata de mi vecino ladeé la cabeza y allí estaba, impoluto pero con un dedo de polvo y me miraba desde el mueble biblioteca del IKEA: mi antiguo diccionario de latín del instituto.
Lo que sucedió a continuación continúa siendo una amalgama incierta y relampagueante que de pensamientos atropellados en mi memoria de cuyo resultado final conseguí descifrar el enigma:
Del Alcornoque se extrae el corcho ya que su corteza es semi-hueca y esponjosa.
Pero todavía quedaba un cabo por atar: ¿porqué había malgastando un tiempo precioso, útil para tomarme un café-moca o remendarme los codos de mi chaqueta de tweed, consultando manuales y diccionarios en latín? …
…
…
…
No puedo dar una respuesta tan científica a esta pregunta pero, desde la más pulcra sinceridad, debo decir que lo único que me guiaba en este periplo cognitivo era una insaciable y fascinante voluntad por el conocimiento. Y, paradójicamente, Quercus suber en latín es muy similar a quiero saber.

Que el gran alcornoque guíe vuestra sed de conocimiento.

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5 comments
Comments feed for this article
Diciembre 11, 2008 a 6:45 pm
mavipas
¿seguro que el diccionario de latín que consultaste era tuyo?
Por cierto, lo que más gustó de aprender latín y griego fue la etimología. Gracias a conocer estos idiomas, ahora adivino el significado de palabras que de otra manera me parecerían imposibles.
Un saludo para Culiáñez!!!! 8profesor de generaciones y generaciones del IES Carrús.
Diciembre 13, 2008 a 12:07 pm
Tréveron
Los alcornoques están infravalorados, maldita sea…
Diciembre 17, 2008 a 8:19 pm
ana
que tension hasta el final!, ejejeje. A nosotros Julio nos llamaba ” tros de suro” .
Diciembre 25, 2008 a 10:41 am
basterrak
Qué nostalgia…. “pero qué fas criaturaaaaaaaaa!”
Noviembre 9, 2009 a 2:57 pm
Bruno
Excelene articulo, muy divertido… ups perdón prometo no volver a reirme de ningun alcornoque…
Saludos !!